Hola!

Mi nombre es Cristina Pascual y soy voluntaria de una pequeña escuela de Zanzíbar donde tengo el placer de gestionar a distancia su programa de voluntariado.

Con tan solo 19 años comencé a volar en la antigua Air Plus Comet. Volar en esta compañía me dio una buena lección de vida ya que pronto comencé a ver la realidad de otros países. Los constantes viajes a Sudamérica y centro America, despertaron en mí ese sentimiento solidario que tengo. En la medida de lo posible siempre colaboré con todo el que pude y puse mi granito de arena allá donde viajé.

Como nunca fue suficiente hacer una donación puntual, en septiembre de 2018 decidí que había llegado el momento de hacer un break en mi vida laboral en Vueling para dedicarme de lleno a hacer lo que más me llenaba que era AYUDAR. Mi pasión por el continente Africano siempre estuvo latente en mí, y tras varios viajes a Kenia y Tanzania, elegí Zanzíbar como destino para dedicar 8 meses de trabajo pleno en una escuela local llamada ZANZÍBAR SCHOOL OF HOPE. Les conocí de casualidad buscando una ONG allí, donde no tuviera que pagar por dedicar mi tiempo. Finalmente les encontré y además era justo lo que buscaba: un lugar donde la necesidad de ayuda era latente, donde parecía ser una escuela local a medio hacer gestionada por locales. Viajé en Abril para conocerles y confirmar con ellos qué necesidades tenían y así poder comenzar a mover todo lo posible y conseguir cosas de cara a septiembre, cuando empezaría a trabajar con ellos. No tenían voluntarios, ni siquiera a penas nadie les conocía ya que no tenían redes sociales y se encontraban en un lugar poco accesible del pueblo de Nungwi. Eran INVISIBLES.

Tras conseguir fondos para comprar los pupitres y los bancos para sentarse, pintar y decorar las clases, comenzamos entre varios voluntarios a implantar nuevas clases como higiene bucal, y lo más importante: darles una comida al día. Decidí que era necesario crear un programa para voluntarios que quisieran ayudarnos, por lo que yo misma lo creé, y comencé junto con otro voluntario alemán a gestionar la publicidad de la escuela. Doy mil gracias a los más de 60 voluntarios que han pasado ya por nuestra escuela durante este año.

Entre todos estamos creando una gran escuela, ya tenemos construida una segunda planta con enfermería y un total de 7 aulas que acogen a los 219 niños de 3 a 7 años. Tenemos electricidad y agua potable. Son muchos los logros que se han conseguido gracias al granito de arena que todos aportamos, no puedo estar más feliz de ver los grandes cambios que se han producido en la escuela, desde que les conocí hasta el día de hoy, pero no hay que olvidar que aún hay mucho que hacer. Colaboramos además con otras 3 escuelas, donde también necesitan mucha ayuda.

Animo a todos los tripulantes que tengan esa inquietud de querer poner su granito de arena. Una vez que empiezas ya no puedes parar. En los países desarrollados ya tenemos de todo, ¿por qué no compartir y aportar lo mejor de nosotros allí donde lo necesitan?.

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Siempre seréis bienvenidos.

“Dicen que las personas más generosas tienen un grado más elevado de la felicidad”

Mi nombre es Estefanía Castellano, soy de la isla de Tenerife, tengo 35 años y soy TCP en la compañía Vueling desde hace 6 años. Conocí el voluntariado por casualidad, por medio de mi compañera y ahora gran amiga o “rafiki”, como se dice en swahili, Cristina Pascual.

Aunque reconozco que dentro de mí siempre había estado el gusanillo del voluntariado, volando con Cristina un día me comentó que se cogía una excedencia para irse de voluntaria a una escuela de niños pequeños ubicada en la isla de Zanzíbar, en Tanzania. Me dijo que había estado de vacaciones allí y que, aparte de ser un paraíso, la escuela necesitaba de mucha ayuda. Aunque yo tenía mis recelos con respecto a África, Cristina los disipó rápidamente. Ya que mis vacaciones cuadraban con el comienzo de su aventura, me decidí y me fui con ella a conocer Zanzíbar y su escuela ubicada en el poblado de Nungwi. Al viaje se unieron la prima de Cris, Elena Pascual y una amiga y compañera de Cris, con base en Roma, Carmen Marchante. Formamos el equipo perfecto, no pudimos elegir mejores compañeras de viaje.

Cris había conseguido dinero junto con otras compañeras para comprar pupitres para la escuela, ya que había visto que estudiaban en el suelo. Cuando llegamos allí, fue muy fuerte el impacto. Yo no esperaba ver una escuela con paredes sin pintar, a oscuras, sin luz, con un calor infernal y sin agua potable que beber. Había 219 niños hacinados en 5 clases y en el suelo. Quería llorar, pero no lo hice, eso me ocurrió el día que me marché… ese primer día, supe que necesitaba estar fuerte.

Comenzamos nuestra labor, saber lo que hacía falta e ir a por ello. Allí nos recibió Coco, el director, un señor local que vio la necesidad de crear una escuela para niños pequeños en el poblado de Nungwi. Con él fuimos a encargar los 69 pupitres al carpintero, pagados con el dinero que Cris y varias compis de Vueling recaudaron en Tenerife, y estuvieron hechos en un mes. Además, con otra voluntaria de Suecia que también llevó dinero, compramos pintura blanca y nos dedicamos el resto de las vacaciones a pintar las clases y dejarlas como nuevas para nuestros niños. El resultado fue precioso, indescriptible, todavía me emociono solo con recordarlo. Dejamos nuestra huella en la escuela en todos los sentidos.

Al volver a España no olvidamos ninguna lo vivido ,ademas Cristina seguía allí contándonos como se sucedían los cambios. Llegó Navidad y Vueling organizó una tómbola solidaria para que los empleados propusiéramos ONG para donar un dinero. Las tres propusimos “Zanzibar School of Hope” y corrimos la voz a todos nuestros compañeros para que votaran nuestro proyecto. El resultado no pudo ser más maravilloso, la escuela consiguió 15.000€. Yo volví en Diciembre y le dí la noticia a Coco. ¡Creo que fue el día mas feliz de mi vida!

Con ese dinero se pusieron: cuadro de luz en la escuela, ventiladores en todas las aulas, una planta alta con sala de curas y otra clase más, un tanque de agua potable. Y como Coco es un alma inquieta y sabe que Zanzibar necesita mucha ayuda, colabora con otras escuelas de la isla entre ellas Umbuji, donde también con ese dinero se pudieron poner pupitres en la otra escuela. Todo lo conseguido es gracias a la ayuda de muchas personas que colaboraron en este proyecto y creyeron en él. Pero queda mucho por hacer y la ayuda no se puede parar solo en esto.

Por eso con estas palabras, a parte de contarles mi experiencia como voluntaria , también animo a más tripulantes a hacer lo mismo. Tenemos la facilidad de volar a cualquier parte del mundo a un precio asequible, aprovechemos esta oportunidad para algo más que viajar. Estoy segura que dentro de cada tripulante hay un alma bondadosa e inquieta dispuesta a colaborar y a vivir la experiencia del voluntariado en primera persona.

Os animo a todos a disfrutar de esta maravillosa vivencia y a que os pongáis en contacto con la escuela a través de su email School.of.hope@hotmail.com o en su Facebook Zanzibarschoolofhope

Nosotros podemos hacer mucho con muy poco.